Los páramos andinos son únicos desde cualquier punto de vista, porque solo se los encuentra en América del Sur -desde Venezuela, pasando por Colombia, Ecuador y Perú- entre los 2900 metros de altura hasta los 5000, donde en algunos puntos de los Andes ya tenemos nieve. Las similitudes en cada país andino pueden darse dependiendo de la altura y el clima, que los hacen muy parecidos, pero al mismo tiempo, diferentes.
En estos singulares ecosistemas la vida transcurre indiferente al tiempo –la imagen que tenemos del páramo puede ser la de una gran área en extensión, cubierta por un pajonal (u otras especies arbustivas), que se mueven al ritmo del viento frio de las tierras altas, como un oleaje relajante que golpea suavemente las laderas de las montañas, con nevados de gran altura en el fondo. Sin embargo, su diversidad es evidente: hacia el norte se encuentran los frailejones (del género Espeletia y otros similares) grandes plantas de grueso tronco, con una especie de rosetón en su parte superior, que se yerguen, solitarios y altivos en el paisaje agreste, como grandes gigantes.
Pero hacia el sur hay también paramos húmedos, nubosos y lluviosos, en especial aquellos que se encuentran en las estribaciones orientales de los Andes del Ecuador, los más accesibles son los de Papallacta y Antisana en la cordillera oriental, pero tal vez los más famosos y mas agrestes son los de la mítica cordillera de los Llanganatis, no solo por ser muy difíciles de acceder, sino por ser tal vez lo únicos testigos de los esfuerzos, fallidos y afortunados, de cazadores de los tesoros milenarios que antiguas civilizaciones escondieron allí en su paso hacia la inmortalidad…
Otra clase de paramos son los “secos” como los del Chimborazo o Cotopaxi, donde podemos apreciar los pajonales rodeados de poca vegetación, la casi inexistente capa vegetal en el suelo hace que aprecie con claridad los arenales, como desiertos de gran altura.
Le invitamos a explorar los diferentes tipos de páramos en el Ecuador, en recorridos por la Avenida de los Volcanes, y excursiones regulares a Papallacta, Reserva Antisana, Parque Nacional Cotopaxi, Volcán Quilotoa, Parque Nacional El Cajas en Cuenca, Parque Nacional Podocarpus en Loja y la Reserva Chimborazo. Habrá la oportunidad de mirar con detenimiento y de cerca estos mágicos parajes, hacer una verdadera interpretación vivencial de estos singulares ecosistemas, que dejaran una huella con recuerdos inolvidables.
Los paramos son fascinantes, frágiles y vitales para la conservación de la biodiversidad en las partes altas de los Andes, de ellos dependen mucho las fuentes de agua y cuencas hidrográficas de las partes bajas, de su conservación y el grado de importancia que le demos, garantizarán su existencia para futuras generaciones.